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Mayo 2008
Febrero 2008
 

Todo pasa por la báscula

Los beneficios que brinda RFID, principalmente en la cadena de suministro, se reducen principalmente a dos aspectos: automatización de procesos y simplificación de operaciones, valores que permiten visualizar una vida más cómoda.

Por María Elena Alcántara Castro

Imagine que una bolsa de frijol va a tener nombre y apellido, y que podrá monitorear su ubicación y fecha de caducidad; además, conocerá el estatus del inventario. Pues bien, esto se debe a la tecnología RFID, un método que genera más información que el código de barras, porque se trata de un chip regido bajo un estándar de 96 bits con capacidad para 24 caracteres que, a diferencia del código de barras que se lee unidireccional, éste podrá decodificarse fácilmente.

El RFID es un sistema de identificación por ondas de radiofrecuencia que se usa desde la Segunda Guerra Mundial, pero no fue posible utilizarlo hasta que llegaron los circuitos integrados y la miniaturización. Básicamente, son etiquetas llamadas tags que contienen un chip que trabaja en torno a una antena, la cual pregunta vía ondas de radio qué información integra el chip y con eso se pueden intercambiar, guardar o reescribir datos dentro del mismo.

Luis Miguel Godínez, Director General de Grupo TISA, informó que el organismo internacional encargado de estandarizar esta tecnología es la EPC Global, en donde se están poniendo de acuerdo todas las cadenas de supermercados para masificar esta tecnología.

El vocero de TISA explicó que en México registra diferentes frecuencias:

a) 13.5 Mhz – Trabaja para las tarjetas de acercamiento, como serían las puertas que abren mediante control remoto; también funciona para iclasf que sirve en los monederos electrónicos porque tiene un algoritmo poderoso que se puede personalizar.

b) 902 y 920 Mhz – En este rango entra el RFID Pasivo, porque requiere de una fuente de energía para que se active el chip, enviando o grabando la información necesaria. La desventaja es que el agua y el metal afectan la señal.

c) 811 o WiFi – Aquí entra el RFID Activo, porque el chip contiene una batería independiente; aquí podríamos citar las tarjetas Llave utilizadas en las casetas de peaje, y aunque tiene diversas aplicaciones, es en la cadena de suministro donde tiene mayor penetración.

“Pareciera que el RFID tiene mayor sentido en las cadenas de suministro, por la cantidad de procesos que se beneficiarían. Por ejemplo, en una tienda de autoservicio, el chip informa de manera automática al proveedor: la fecha de caducidad, cuántas bolsas se vendieron y cuántas quedan, entre otros datos de control. Sin embargo, también se visualizan aplicaciones para el uso común”, explicó Godínez.

En Estados Unidos ya lo están empleando en los pasaportes, en tanto Japón registra esta aplicación en una cadena de restaurantes de sushi, en donde cada mesa posee una antena y cada plato contiene el chip; de esta manera se lleva el control sobre los platillos que se consumen y la entrega a tiempo de los mismos. “Considero que México registra 1% de penetración de esta solución; sin embargo, puede crecer si se aprovecha el concepto de ciudad inteligente que tiene el gobierno, ya que RFID puede trabajar sobre la infraestructura WiFi”.

El sistema de código de barras comenzó en Estados Unidos alrededor de 1972. A México llegó en 1986, pero fue hasta 1992 cuando se implementó en la primera tienda de autoservicio; en ese momento, los beneficios y las mejoras se registraron en la industria y en el comercio. “Al principio se pensó que sólo brindaría beneficios en los puntos de venta al hacer el cobro más ágil y preciso, pero al paso del tiempo la identidad del producto permitió tener un mayor control de los artículos que se tienen en un ambiente interno, como saber: en dónde está, a qué categoría pertenece, qué tipo de producto es, cómo se clasifica, etcétera. Es decir, genera ventajas en la operación de la cadena de suministro, desde el fabricante y el distribuidor, hasta la tienda donde se expone para su consumo”, explicó Omar González de los Cobos, Líder de Desarrollo de Estándares ID/EPC de la Asociación Mexicana de Estándares para el Comercio Electrónico (AMECE).

A 15 años de utilizar código de barras en México, aún falta adoptarlo en productos como los embutidos, que se comercializan a granel, así como las frutas y verduras, que son identificadas mediante un código interno y no a través de un estándar, cuando el beneficio de estar en este último es que en el momento que la mercancía se mueve a cualquier punto de venta, éste puede codificarse en cualquier lugar porque se traduce a un lenguaje universal, mientras que en un código interno, como podría ser un SKU o PLU, sólo el fabricante sabe lo que significa dicho símbolo.

Para el vocero de la AMECE, el código de barras seguirá funcionando, de hecho, coexistirá con las demás tecnologías como el RFID porque son complemento, “lo que sí puede cambiar es la simbología, la forma de identificar y los beneficios que traerán los diferentes tipos de identificación, ya que el estándar es muy grande y puede haber símbolos específicos y segmentados para cada sector. De hecho, hoy la identificación del código electrónico de un producto que utiliza RFID exige contar con un código de barras”, argumentó.

Beneficios de RFID en los procesos de manufactura.
• Disminución del stock de materiales.
• Prevención de falsificaciones.
• Eficiente administración del inventario.
• Reducción de mermas o pérdidas.
• Facilidad para establecer procesos de producción justo a tiempo (just in time) al tener un conocimiento real de lo que sucede en el mercado.
• Facilidad de mantener productos líderes dado su consumo, además de proporcionar características especiales con base en conocimiento real de los hábitos de consumo de cada sector de la población.
• Eficientar los envíos al mercado dado que las órdenes de producción son sobre lo que realmente se está consumiendo.
• Seguimiento de producto, desde las materias primas hasta el producto terminado.
• Controles de empaque y embalaje.
• Reducción de errores de empaque y embarque al verificar, con lecturas automáticas, que el producto es el mismo de la orden de embarque.
• Localización de lotes de producción en tiempo real.
• Chequeo de calidad.
• Seguridad en ensamble de partes garantizando compatibilidad y secuencia de procesos.
• Disponibilidad de líneas de producción.
• Mantenimientos preventivos y correctivos oportunos.
• Reprogramación de cargas de trabajo con base en disponibilidad de líneas y estatus de avances de producción.
• Disponibilidad de materiales en cada etapa del proceso de producción, reduciendo los paros por falta de los mismos.
• Cálculo de eficiencias, replanteo de líneas de producción con base en cálculos reales de los tiempos de producción por cada operación.

Fuente: Luis Miguel Godínez González. RFID: Oportunidades y riesgos, su aplicación práctica. Editorial Alfaomega, 2008. (Primer libro en español sobre la tecnología RFID).

 

De la experiencia nace el amor

Intermec tiene 40 años de experiencia en captura automática de datos y en cómputo móvil; además, creó el primer lector e impresora de código de barras portátil y diseñó la batería inteligente que utiliza la mayor parte de las computadoras portátiles y cámaras de video; por lo anterior, confían en que RFID será tan fácil de manejar como hoy lo hacemos con los teléfonos celulares.

Víctor García, Gerente de Soporte y Ventas de la empresa, comentó que el principio básico de esta tecnología son los radares, pero como tecnología aplicada a la identificación tiene poco menos de una década.

El vocero cuenta que en 1998 Intermec adquirió una compañía de semiconductores para desarrollar este tipo de chips y en el 2000 lanzaron su primera línea; sin embargo, aún no existía una estandarización global sobre qué información debía contener el tag y a qué frecuencia se podría manejar. Fue hasta 2004-2005 que se liberó un estándar llamado EPC o código electrónico de producto, por sus siglas en inglés, a una frecuencia de 915 MHz. Hoy, RFID es una tecnología de alta velocidad porque se pueden leer múltiples datos, modificables cuantas veces sea necesario, dos aspectos que aventajan sobre el resultado que brinda el código de barras. Sin embargo, esta actividad nos lleva automáticamente al terreno de la seguridad, en donde el entrevistado explicó que al interior del chip existe un bip que ayuda a cerrar el acceso para evitar que alguien lea o modifique esa información.

“Hay aplicaciones en donde el código de barras no es muy bueno y RFID puede ser un buen sustituto o una muy buena tecnología. Por ejemplo, en industrias en las que utilizan pintura, como la automotriz, donde existe un proceso de pintado que afectaría la lectura del código de barras, mientras que el RFID no se altera porque funciona por ondas de radio”, aseguró García. En este sentido, el entrevistado sugirió a las empresas con interés de adoptar esta tecnología, realizar el siguiente procedimiento:

• Hacer un estudio de factibilidad – Se verificará si RFID es la mejor solución para resolver las necesidades directas del negocio.

• Realizar un análisis de los procesos y definir roles – Se revisará qué persona hará determinada labor, quién grabará la información, qué tipo de lectores, antenas o tags se utilizarán, quién hará las lecturas, etcétera.

• Aplicar un estudio de radiofrecuencia del sitio – Hay que ver en dónde se colocarán las antenas, verificar que no haya interferencia con otro tipo de radiofrecuencia y que RFID no afecte otras frecuencias.

• Se hace efectiva la implementación – Hay que verificar que existan suficiente comunicación y ancho de banda, y que los servidores tengan la capacidad necesaria para recibir toda la información que se requiere. Aquí se recomienda hacer un proyecto piloto.

Mito o solución

Ciertamente, la primera limitante que observa el representante de Grupo TISA es el precio, ya que el chip más barato puede costar hasta 12 centavos de dólar; pero si lo comparamos con 40 centavos de peso que cuesta una etiqueta, entonces la diferencia es 3 a 1. “Sí, es caro, cuando hablamos de un paquete de chicles, pero para una televisión donde se puede grabar información sobre la factura o servicio de mantenimiento, no lo es. Claro, la tendencia es que baje de precio”.

Otro factor que frena su masificación son los acuerdos internacionales, ya que todos los países requieren estar alineados en las mismas frecuencias, a fin de utilizar estándares. En México, por ejemplo, existen empresas que nunca entraron al sistema de código de barras y, con la llegada de RFID, seguramente se lo brincarán, para entrar directamente a esta última tecnología.

La parte cultural no puede quedar fuera y en este campo existen versiones amarillistas que alarman a las personas en cuanto a que todo y todos deberán tener en el futuro un chip para su identificación, pero eso será decisión del usuario, ya que al momento de comprar un producto pueden decidir quitarlo o no, incluso, “hablan del Apocalipsis al decir que el chip representa el número de la bestia, pero no por esa forma de pensar haremos a un lado esta tecnología tan cómoda”, argumentó Luis Miguel Godínez.

 

 
 
 

 
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